
El 17 de enero, el Palacio de Kensington anunció que la Princesa Catalina, Princesa de Gales, se sometería a una “cirugía abdominal programada” y necesitaría tiempo para recuperarse. Poco después, el Palacio de Buckingham reveló que el Rey Carlos estaba siendo tratado por un agrandamiento de próstata.

Durante la estancia de dos semanas de Catalina en el hospital, se vio al príncipe Guillermo salir de la Clínica de Londres en su Audi, mientras que sus hijos (el príncipe Jorge, la princesa Carlota y el príncipe Luis) estaban notablemente ausentes.
Los informes sugieren que se trató de una decisión deliberada para evitar que los niños vieran a su madre en un entorno hospitalario. Mientras tanto, Jorge continuó con sus actividades de rugby, lo que indica que la vida familiar en casa era relativamente normal.

En enero, las pruebas posoperatorias revelaron que Catalina tenía cáncer, aunque esta información se mantuvo en secreto durante dos meses. Durante este período, la familia Wales se enfrentó a una intensa especulación y desinformación en línea, con algunos rumores que iban desde lo peculiar hasta lo absurdo.
El Palacio de Kensington tuvo dificultades para manejar la situación, y la ausencia inesperada de Guillermo de un homenaje a su padrino, el rey Constantino de Grecia, solo alimentó aún más las especulaciones.

El asesor de la familia real reflexionó más tarde sobre el incidente como una lección importante. Subrayó que, a pesar de su imagen pública, Guillermo y Catalina no son inmunes a los desafíos y errores personales. El 14 de julio, Catalina hizo su segunda aparición pública desde su enfermedad en Wimbledon, acompañada por su hermana Pippa y su hija Carlota.
Su presencia, marcada por una cálida sonrisa y un comportamiento sereno, puso fin a los rumores que circulaban y reafirmó su dedicación a sus deberes reales, demostrando su notable resistencia y coraje.
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