El mundo del toreo sigue en vilo tras la grave cogida que sufrió Morante de la Puebla en plena Feria de Abril de Sevilla, un momento que dejó a la plaza en silencio y que ahora vuelve a estremecer tras conocerse sus primeras palabras desde el hospital.
El torero fue embestido el pasado 20 de abril durante la lidia del cuarto toro en La Maestranza, en una escena que rápidamente generó una enorme preocupación entre los aficionados. Lo que en un primer instante parecía una herida menos visible terminó revelándose como una lesión de gran gravedad que obligó a una intervención quirúrgica urgente.

Tras varias horas en quirófano y una noche bajo estricta vigilancia médica, Morante ha decidido hablar por primera vez sobre lo ocurrido. Sus palabras no han dejado indiferente a nadie, ya que reflejan con crudeza lo que vivió en esos instantes.
“Ha sido sin duda la cornada de más dolor. He tenido un dolor inmenso y muchísimo miedo”, ha confesado, recordando cómo en pleno impacto llegó a pensar que la situación podía ser mucho más grave.

El torero ha explicado que el momento más angustiante llegó cuando sintió el peso del animal sobre su cuerpo. En esos segundos, la incertidumbre y el temor se apoderaron de él, especialmente al no saber con claridad el alcance de la herida. Sin embargo, al llegar a la enfermería y comprobar que el sangrado no era tan abundante como temía, logró tranquilizarse parcialmente.
El parte médico confirmó después la magnitud del percance: una cornada de aproximadamente diez centímetros en la zona del glúteo, con afectación en el área anal y necesidad de una compleja reparación quirúrgica. Una intervención delicada que obliga ahora a una recuperación lenta y vigilada.

Durante las horas posteriores, Morante ha permanecido ingresado, pasando una noche complicada en la que apenas pudo descansar. Aun así, ha querido transmitir cierta calma sobre su evolución, asegurando que, dentro de la gravedad, el dolor está siendo controlado y que afronta los próximos días con paciencia.
El proceso de recuperación no será sencillo. Según han explicado los médicos, deberá permanecer varios días sin alimentación normal, recibiendo nutrientes por vía intravenosa, una medida necesaria debido a la naturaleza de la lesión.
Mientras tanto, el torero está arropado por su familia, que no se ha separado de él en ningún momento, acompañándolo en este proceso marcado por el susto y la incertidumbre. El apoyo de los suyos se ha convertido en un pilar fundamental en estas primeras horas tras la intervención.
La cogida ha supuesto un golpe inesperado en un momento en el que Morante atravesaba una etapa de regreso a los ruedos, lo que añade aún más carga emocional a todo lo ocurrido. Ahora, la evolución de su recuperación será clave para determinar cuándo podrá volver a vestirse de luces.
Por el momento, sus palabras han servido para poner voz a una experiencia límite, dejando al descubierto no solo el dolor físico, sino también el impacto emocional de uno de los momentos más duros de su trayectoria.