La tarde en la Real Maestranza de Sevilla cambió de tono en cuestión de segundos cuando Andrés Roca Rey fue alcanzado por el quinto toro en uno de los momentos más intensos de la corrida. El público, que hasta entonces vivía la faena con expectación, pasó de la emoción al silencio absoluto al ver cómo el animal lo sorprendía en plena acción.
El percance ocurrió en el instante de entrar a matar, cuando el toro reaccionó con rapidez y lo alcanzó en el muslo derecho, provocando una escena de enorme tensión en el ruedo. Durante varios segundos, el torero fue zarandeado antes de caer a la arena, mientras su cuadrilla corría inmediatamente para auxiliarlo y trasladarlo a la enfermería de la plaza.

En ese espacio, donde se decidió la primera asistencia de urgencia, se confirmó la gravedad de la herida. El parte médico describió una cornada de gran profundidad, con trayectorias de unos 35 centímetros, que afectó de forma importante la musculatura del muslo. La situación obligó a una intervención quirúrgica inmediata dentro del propio coso antes de su traslado a un centro hospitalario.

Mientras tanto, en los tendidos, la preocupación crecía entre los asistentes, que siguieron con atención cada movimiento desde la enfermería. La corrida, que ya venía marcada por momentos de menor intensidad, quedó completamente eclipsada por el accidente del diestro peruano, que había logrado conectar con el público poco antes del percance.

A pesar de la gravedad del episodio, fuentes médicas señalaron que no se habían producido daños vasculares mayores, lo que fue interpretado como un dato relativamente positivo dentro de la complejidad del caso. Sin embargo, el impacto físico y emocional del momento dejó una huella evidente en toda la plaza.
La jornada en La Maestranza terminó así marcada por la incertidumbre y la preocupación por la evolución de Roca Rey, cuyo estado pasó a convertirse en el principal foco de atención tras una tarde que cambió radicalmente en cuestión de segundos.