Sara e Irene Carbonero han sido las principales impulsoras de este homenaje religioso, en un intento de dar continuidad al duelo y mantener vivo el recuerdo de su madre en el lugar donde todo comenzó para la familia. El pueblo toledano ha vuelto a convertirse así en escenario de unión familiar, pero también de una despedida que parece no terminar de cerrarse emocionalmente.