La cabra Frostie nació con una grave infección umbilical que le dejó las patas traseras paralizadas. Su condición le impedía mantenerse en pie o caminar por sí sola.

El personal de un refugio de animales en Australia lo trató con antibióticos y analgésicos, pero sabían que necesitaba mantenerse activo para ayudar a eliminar la infección de su cuerpo.

Encontraron una solución creativa: una pequeña silla de ruedas, originalmente diseñada para un cerdito llamado León Trotski, que se había recuperado de una fractura de muslo. La silla se ajustó para adaptarse a Frostie y le proporcionó la movilidad que necesitaba desesperadamente.

El Santuario de la Misión Edgar, conocido por rescatar y rehabilitar animales de granja, ha cuidado de Frostie con esmero. Con mucho amor y apoyo, esperan que siga recuperándose.

Gracias a sus nuevas ruedas y a sus dedicados cuidadores, Frostie ya está dando sus primeros pasos hacia una vida mejor.